Crítica: ‘Nadie quiere la noche’ de Isabel Coixet

nadie quiere la noche* Por Luisa Riviere

Lejos de querer ser demasiado mística o incluso mística, ‘Nadie quiere la noche’ de Isabel Coixet presenta la “valiente” travesía contra la naturaleza de Josephine Peary (Juliette Binoche). Ambientado en 1908, este filme esta basado en personajes reales y muestra el camino de la señora Peary, que obsesivamente persigue a su marido (Gabriel Byrne) – el Teniente Peary-, en su carrera por ser el primer hombre en llegar al Polo Norte.

A pesar de que la nieve es impredecible, la vida de la señora Peary no lo es, y su viaje pronto se transforma en una profecía en si misma. Al mejor estilo del “destino manifiesto”, el Norte se convierte en la representación de un cierto objetivo complejo y casi inalcanzable. En este contexto, la historia de Coixet esta construida de manera eficiente a través de metáforas y antagonismos. La nieve y el fuego; el civilizado –léase colonialismo- y el nativo; el intruso y el local; hombres y mujeres y las contradicciones y límites de sus roles socialmente aceptados.

Nadie-quiere-la-nocheLa arriesgada intrusión de la señora Peary se convertirá gradualmente en una exitosa conquista, después de encontrar a la mujer esquimal Allaka (Rinko Kikuchi). La dura transformación se inicia tan pronto como se pone el sol y el invierno polar se instala. Prontamente, Josephine encarnará la figura del “proveedor” / “macho alfa” y creará su propia versión, aún femenina, de la tan deseada familia.

De amplias tomas de paisajes naturales pasando por primeros planos personales a íntimos de la señora Peary, o incluso por imágenes que ilustran las tradiciones esquimales, la película intenta mezclar astuta y eficazmente el cine clásico con el experimental. Sin embargo, la nueva producción de Coixet se diferencia de, su también estrenada en la Berlinale (2013), ‘Ayer no termina nunca’ que desde el diálogo y la perspectiva narrativa explora mas el lado experimental que el tradicional del cine dándole un toque interesante y particular.

Por último, este viaje es un momento cinematográfico suficientemente entretenido que presenta el balance perfecto entre la vida de la señora Peary y el contexto que la rodea. Ni demasiado exuberante, ni demasiado lenta, esta historia cronológica cumple las expectativas de un espectador ávido de aventuras, sin embargo, la pregunta permanece “quien amará a la señora Peary”?

– Publicada previamente en inglés para Nisimazine

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