Crítica: ‘Anacleto, agente secreto’, munición de élite para hacer reír

anacleto poster2* Por Begoña Aos

Si existe un cineasta español que ha explorado nuevos terrenos dentro de la comedia, ese es Javier Ruiz Caldera (Barcelona, 1976). Ya con una potente trayectoria fílmica a sus espaldas, acaba de zambullirse en el farragoso terreno de la acción (cómica, por supuesto) para salir no indemne, sino reforzado y triunfante.

Triunfante como Anacleto (que “nunca falla”), personaje creado por Vázquez (a quien rinde pleitesía otorgándole el papel de malo malísimo bajo la piel de Carlos Areces), y que aquí se presenta teñido de canas (cuántas veces se hace referencia a la edad de un pluscuamperfecto Imanol Arias) y con un hijo al que ha de proteger.

El hijo en cuestión es Adolfo, un treintañero sin éxito en la vida interpretado por Quim Gutiérrez, un actor nacido para la comedia que sobreactúa lo necesario para remarcar cada golpe cómico sin rendirse al arrebato, al más puro estilo clásico de Cary Grant. Borda el papel de hijo hastiado y la química entre ambos actores contribuye en gran medida a que el filme cumpla su objetivo, que no es otro que el de hacer vibrar al espectador, pero no de emoción, sino de risa. Harto difícil.

anacletoY es que el verdadero hilo conductor de la historia no es la trama de espionaje, sino esa relación paternofilial plagada de reproches, unos mudos (esa mirada, Quim, esa mirada) y otros hablados, estos últimos en unas series de réplicas y contrarréplicas dignas de cualquier master class de guion.

Arias y Gutiérrez, arropados por Berto Romero, Alexandra Jiménez (por favor, que alguien reconozca ya sin medias tintas el talento de esta chica) y el siempre magnífico Emilio Gutiérrez Caba junto al ya mencionado Carlos Areces, sustentan buena parte del éxito del filme, en cuyo debe se pueden apuntar algunas escenas de acción, no del todo logradas para el espectador de hoy en día, tan habituado a las coreografías metódicas, rápidas y salvajes; otras, en cambio, derrochan brutalidad y energía a raudales (genial la lucha Adolfo-chino en el apartamento). Pero la cinta bebe más de tebeo que de Bond y, aunque las influencias y los guiños son múltiples y variados (ojo con los cameos de Andreu Buenafuente y José Corbacho) el guion basa su fuerza en la concatenación de chistes, escenas cómicas y elementos hilarantes por el absurdo (Adolfo comiendo cacahuetes para salvar su vida, la lectura del diario infantil, los recuerdos de una infancia en la que era preparado para el futuro por su padre, el desayuno ahogado en pentotal sódico…) y, en ese ámbito, Ruiz Caldera arrasa. Mejor dicho, vuelve a arrasar.

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