Crítica: ‘La película de nuestra vida’ de Enrique Baró Ubach

En los títulos de crédito finales de ‘La película de nuestra vida’, la ópera prima de Enrique Baró Ubach se lee un “hecha por” seguido de los nombres de todos los miembros del equipo. De unos créditos en los que no se específician los cargos realizados, sólo un nombre detrás de otro. Estos títulos de crédito, terminan de confirmarnos que acabamos de ver una película tremendamente especial en la que todo el mundo es importante y cumple su función dentro de la película, sin importar mucho cuál ha sido.

El debut de Baró como director -tras una amplia experiencia en el mundo de la televisión- desprende ese espíritu naïf de las cosas hechas con total libertad, una parente anarquía realizada de manera artesanal, casi inclasificable en ningún género y de la que se respira ese arte cinematográfico que expresa emociones y sensaciones más que centrarse en una estricta estructura de planteamiento nudo y desenlace.

En ‘La película de nuestra vida’ un joven, un adulto y un anciano (tal vez el mismo hombre) despiertan una mañana en su casa de veraneo. Ese lugar ya no les pertenece pero recrearán en un día el verano de sus vidas. Un verano de ir en bicicleta, tomar aperitivos en la piscina, abrir viejos albumes de los antepasados, jugar a la pelota, celebrar un fiesta al anochecer…Un verano tan suyo como nuestro, un verano de tiempo libre y horas para matar haciendo nada o…rodando una película.

La propuesta de Baró es precisamente eso: revivir un verano como los de antes, los de nuestra infancia con limonada, sol y bicicletas. Y para ello, se sirve de varios recursos que funcionan a la perfección y que se utilizan unas a otras para crear un espacio único y universal del sentimiento veraniego colectivo. Unos recursos que van desde la utilización de películas caseras realizadas por la familia desde 1953, oníticos fragmentos con unas bañistas bailarinas que rompen con la realidad y la utilización del metalenguaje.

Así, Baró utiliza viejas películas caseras de su familia y nos las enseña a la vez que reconstruye esos momentos en el presente y en el mismo lugar. Abuelo, padre e hijo viven ese día como sus antepasados lo hacían, como ellos lo hacían en su infancia y como lo harán sus hijos. Disfrutan de ese momento juntos que jamás volverá a repetirse jugando a rodar una película con la que intentan alzcanzar la perfección interpretetiva, repitiéndola una y otra vez.

Dos actores, los geniales Francesc Garrido y Nao Albet y el propio padre del director, Teodoro Baró Rey son los protagonistas de esta película tan díficil de definir. Documental, ficción y experimental se mezclan de forma natural, confundiéndose y creando un nuevo género indescriptible que más que contarnos una historia, quiere trasladarnos a un lugar, hacernos sentir la alegría nostálgica del mejor verano de nuestra vida.

Y si hay de por medio una enorme fiesta familiar, bailando ‘La canción de tu vida’ de Joe Crepúsculo y grabando con tu Súper 8 para eternizar ese último verano, pues mejor que mejor.

 

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=MknLr1MbU3A]
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Una respuesta a “Crítica: ‘La película de nuestra vida’ de Enrique Baró Ubach

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