Crítica: ‘Júlia ist’ de Elena Martín


* Publicado con anterioridad en Espinof.com

Hay experiencias que te cambian para siempre, o al menos que te hacen conocerte mejor a ti mismo. Viajar es una de ellas y vivir en una ciudad extranjera durante un tiempo puede ser desde una experiencia traumática y hasta renovadora, única y en muchas ocasiones, ciertamente amarga. La experiencia de llegar a un lugar desconocido, un lugar hostil y hacerse un hueco no es tarea fácil y menos cuando es tan evidente que no perteneces a ese lugar.

Con ‘Júlia ist’, Elena Martín nos transmite este sentimiento, esta extraña sensación nostálgica a través de su propia experiencia Erasmus. La jovencísima directora y actriz filma un retrato fiel y honesto sobre la famosa experiencia universitaria, desmitificando su fama de “sólo se van de fiesta” para convertirlo en todo un retrato generacional.

Filmar la experiencia

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‘Júlia ist’ se alzó con la Biznaga de Plata a la Mejor Película de la Sección ZonaZine del pasado Festival de Cine de Málaga, así como el premio a la Mejor Dirección para Elena Martín. Unos galardones que llegarían después de recibir críticas positivísimas y de haber sido encumbrada como una de las grandes sorpresas del certamen. Sin duda, una gran sorpresa para sus responsables.

Y es que ‘Júlia ist’ nace como un trabajo final de carrera de Elena Martín, María Castellví, Marta Cruañas y Pol Rebaque, estudiantes de Comunicación Audiovisual en Universidad Autónoma de Barcelona. La misma que vio, tan sólo un año antes, ‘Les amigues d’Àgata’, otra película ‘trabajo final de carrera’ de cuatro alumnas -Laura Rius, Alba Cros, Marta Verheyen, Laia Alabart- y que la propia Martín protagonizó.

Rodada a lo largo de tres años en Berlín, debido al bajo presupuesto -por suerte, para la postproducción entreo La Panda Productions-, Martín, Castellví, Cruañas y Rebaque tenían muy claro que querían combinar sus propias experiencias Erasmus en ciudades diferentes de Europa para ofrecer una visión certera de lo que supone estudiar un año en el extranjero.

Las dos caras del Erasmus

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Estas tres experiencias juntas, combinadas dan como resultado ‘Júlia ist’, un relato honesto y veraz sobre la popular beca Erasmus, considerada como “el año en el que los estudiantes pasan de fiesta en el extranjero”. Aquí, Martín, Castellví, Cruañas y Rebaque desmitifican la experiencia para plasmar que, el Erasmus es mucho más que fiesta y desenfreno, si no un viaje interior a uno mismo, de transformación.

Este viaje lleno de contradicciones y ciertamente agridulce, lo vivimos a través de los ojos de Júlia, una estudiante barcelonesa de arquitectura de 21 años que decide irse de Erasmus a Berlín, dejando a su novio en Barcelona y ansiosa de conocer una nueva ciudad y vivir nuevas experiencias.

Pero su llegada no será como ella esperaba y todos sus planes se truncan y se ve a sí misma perdida en medio de una ciudad fría y gris. La soledad y su imposibilidad de encajar de forma inmediata en el lugar, hacen que Júlia se dé cuenta de que no se conoce a sí misma tanto como creía ni sabe lo que quiere hacer con su futuro, pero poco a poco, Júlia irá construyendo una nueva vida en Berlín y entendiendo quién es mientras conoce la ciudad por dentro y a su gente.

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Así, en ‘Júlia ist’, Elena Martín -directora, co-guionista y protagonista- desmitifica el Erasmus mostrando sus dos caras y las dificultades a las que hay que enfrentarse cuando uno llega a un lugar desconocido, con sensaciones encontradas, contradictorias que van desde la emoción de comenzar una nueva aventura, pasando por la nostalgia de estar lejos de casa con la frustración de no encontrar su lugar en la ciudad que la va a acoger durante un año.

Pero no todo es amargo en el Erasmus de Júlia. Poco a poco, la joven va haciéndose un hueco, haciendo amigos, viviendo romances y como no, no queriendo volver a España cuando llega el momento de la despedida. Un viaje que va desde la amargura a la felicidad, de la nostalgia por el lugar que dejas atrás por la nostalgia que sentirás por ese lugar que al principio te resultaba hostil y díficil.

El retrato generacional

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Viajar nos cambia, de eso no hay duda. Bien sea sólo una semana de vacaciones, unos meses o un curso entero, lo cierto es que cuando uno vuelve a casa tras haber conocido una ciudad nueva, se siente diferente. Con Júlia vivimos ese proceso de cambio, ese crecimiento. Y la intensa mirada de Elena Martín -actriz en bruto, llena de frescura- nos facilita el camino.

Aunque muchos pensarán que Júlia es insorportable, caprichosa y malcriada, probablemente serán los mismos que apaludieron el artículo de Javier Marías sobre la generación ‘millenial’ y que no entienden a las nuevas generaciones y por lo tanto, las rechazan. Y es que lo cierto es que el viaje de Júlia es tan cercano a cualquiera que haya vivido una experiencia similar -o no, no hace falta para sentirse identificado con algunas de las situaciones-, que termina convirtiendo a ‘Júlia ist’ es todo un retrato generacional.

Elena Martin

De esa generación ansiosa, ambiciosa y con ganas de viajar, de conocer, de experimentar y de crear. Una generación preparada para construir un mundo nuevo, para regenerarlo y a la que no le dejan hacerlo y se ven forzados a realizar trabajos que nos les gustan, a inventarse sus propias vidas y a estar en continuo movimiento para no estancarse.

Sin duda, uno de los grandes triunfos de ‘Júlia ist’ es su capacidad de retratar a esa considerada -erroneamente- generación perdida ante sus propios caprichos. Porque nada más lejos de la realidad: en la película nos enseñan lo que significa ser joven en nuestro tiempo, lo que perdemos -y ganamos- por seguir nuestros sueños y ese sentiemiento de continua nostalgia por lo que vivimos y lo que nos queda por vivir.

‘Low cost’ sí, pero con mucho alma

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Gracias a ‘Júlia ist’, Elena Martín y sus colegas vuelven a demostrarnos que no se necesita un gran presupuesto para hacer una muy buena película. La madurez con la que Elena Martín afronta su primera película como directora, a la vez que la protagoniza es más que admirable y la coloca en el podio de nuevos talentos del cine español a seguir.

La película no necesita artificios para emocionar y conectar con el espectador. Basta un buen conocimiento del lenguaje cinematográfico y del personaje principal, así como un exquisito gusto visual para elaborar un retrato fascinante y magnético sobre el Erasmus.

Martín lo consigue creando una atmósfera única que evoluciona casi al mismo tiempo que el estado de ánimo de su protagonista, dejándonos bellas imágenes inspiradas por la belleza estructural de la capital berlinesa y ciertamente, por el carácter mediterráneo de su directora y actriz. Y el resultado es, sin duda, uno de los mejores debuts españoles del año.

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