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Cartel y clip de ‘El año del descubrimiento’ de Luis López Carrasco, a competición en el Festival de Cine de Rotterdam

Estos días se ha visto, dentro de la Sección Oficial del siempre controvertido Festival de Cine de Rotterdam, ‘El año del descubrimiento’, el segundo largometraje de Luis López Carrasco. Un trabajo que llega 7 años después de la transgresora ‘El Futuro’ (que por cierto podéis ver en Filmin), con la que ya compitió en Rotterdam y Locarno, y en la que nos hablaba de los mitos de la Movida y la Transición Española.

En ‘El año del descubrimiento’, López Carrasco viaja a Cartagena para mostrarnos unos hechos que marcaron la historia reciente de la ciudad y que condicionaron la situación socio política de la región. Vecinos, jóvenes y desempleados charlan en el interior de un bar entre cigarrillos, desayunos y aperitivos. Recuerdan sueños insólitos, comparten preocupaciones laborales y proyectan planes de futuro. El bar se encuentra en la ciudad de Cartagena, en el sudeste del país. A medida que avanza la jornada se escuchan, cada vez más cerca, los disturbios de la crisis industrial de 1992.

Ese año se celebraron en España los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Exposición Universal de Sevilla, vinculada a la celebración del V Centenario del Descubrimiento de América. El país se presentaba ante la comunidad internacional como un país desarrollado, moderno y dinámico. Mientras tanto en Cartagena las protestas por la crisis adquieren una violencia creciente hasta acabar con una revuelta multitudinaria que desemboca en la quema del parlamento regional.

López Carrasco habla de sus motivaciones para hacer la película y cómo le afectaron estos eventos:

“Nací y me crié en la ciudad de Murcia aunque desde los 18 años resido en Madrid. Buena parte de mi infancia la pasé visitando a mis abuelos paternos, que, por motivos laborales, habían acabado viviendo en Cartagena, el puerto militar e industrial que atesora una rivalidad milenaria con la capital.

Recuerdo que cuando tenía siete años dedicamos una clase a colorear una plantilla del recién estrenado parlamento regional, que tendría su sede en Cartagena. Su arquitectura ecléctica era muy llamativa para la época y todos los niños y niñas nos entretuvimos pintando esa lámina de colores chillones. Era algo nuevo y bonito y representaba la madurez de Murcia como Comunidad merecedora de un Estatuto de Autonomía. Se me quedó grabada la efigie de la fachada de ese edificio mientras lo coloreaba. Por eso recuerdo especialmente el día que ardió. Nadie recuerda este suceso. Ese parlamento autonómico ardiendo es para mí la otra cara de 1992″.

La película ha recibido excelentes críticas a su paso por el certamen, que termina este fin de semana.

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